He decidido ser escritor, y solo quienes lo son conocen el riesgo que corro. Porque quien escribe sin éxito, como yo, tiene que ver cómo se desmorona la ilusión teleológica, cómo se marchita la valoración pragmática y cómo se pierden los anhelos de éxito. Es sentir que escribes páginas que desaparecen porque no entran en el mundo: no hay justicia épica ahí, ni una historia de superación: es el fracaso desromantizado.
Pero eso no me ha vuelto alguien triste, porque ya no escribo con el afán de ser leído ni con el deseo de probar algo. Por lo tanto, mis escritos son cada vez más auténticos. Al despojar a mis deseos de finalidad, he descubierto que el verdadero beneficio de la escritura es poder ejercerla.
Por eso, el fracaso no necesita redención alguna ni conducirnos a un lugar prometido, porque su exquisitez no está en lo que promete, sino en lo que revela. En muchos casos, revela que la instrumentalización del mundo debe quedar en un segundo plano y que las inutilidades deben convertirse en prioridad. Por ejemplo, a veces es mejor salir a jugar o descansar que seguir explotándonos cuando nuestra salud mental ya no da más.
Cuando estoy en ese estado, me doy cuenta de que el fracaso no me exige rendimiento, como quizá lo hacen otras emociones u otras personas, sólo me exige ser. Es ahí, en ese momento, en que suelto la ilusión de tener el control y el mérito de toda mi vida. Me conduce a un lugar contemplativo, incluso meditativo, porque es uno de los pocos lugares en los que habitó la impotencia y la humildad
Una humildad que me recuerda que soy humano, no una máquina. Desactiva mi arrogancia y reconcilia mi lugar en el mundo. Eso es liberador, porque es uno de los pocos espacios donde mi existencia descansa de la obligación de ser algo, de ser alguien, de demostrar…
Deseo ser un buen fracasado que contemple los momentos en que sus deseos no son satisfechos, para recordar la humildad con la que un bebé descubre el mundo y, con ella, se maravilla ante el terrorífico misterio de que todo puede superarlo y, aún así, todo le da la oportunidad de existir.