
No perdones al prójimo
El perdón suele presentarse como una obligación moral y un remedio universal para el sufrimiento, pero en realidad su exigencia proviene más de marcos normativos que de una comprensión real de la herida. Perdonar es un acto voluntario —un don— que no puede imponerse sin traicionar el proceso psíquico de quien ha sido dañado. No todas las heridas ni todos los sujetos pueden o deben perdonar, y hacerlo para silenciar el dolor suele fracasar. La sanación no depende necesariamente del perdón, sino de soltar la carga, lo cual puede lograrse de múltiples maneras. A veces, preservar la verdad de la herida implica, justamente, no perdonar.




